La factura que alguien carga a mano
Llega un PDF, un mail o un escaneo. Alguien abre la planilla, copia fecha, CUIT e importe, y sigue con la siguiente. Si eso es el trabajo de todas las semanas, se puede mirar como una tarea.
Cómo puede quedar
El comprobante entra —adjunto, bandeja o escaneo—. Se leen los campos que importan: fecha, CUIT, importe, y lo que ustedes usen para conciliar. Lo que está bien va a la planilla o al destino que ya tienen, con accesos para revisarlo. Lo que no cierra queda marcado para una persona.
No leemos todos los PDFs sin error. No emitimos facturas ni hacemos el trabajo fiscal. Tampoco conectamos cualquier sistema de gestión: el destino se acuerda, y si hace falta un acceso, se mira antes.
Qué mira una persona
- El mismo comprobante llegó dos veces.
- Campos ilegibles, cortados o que no se pueden leer con certeza.
- Una nota de crédito mezclada con el resto.
- Un total que no cierra con el detalle.
- Un PDF que no es una factura.
Esas excepciones no se esconden: quedan visibles para quien ya mira la carga.
Qué acordamos
Qué campos, de dónde salen los archivos, a qué destino van y quién valida. De tu lado: muestras representativas y los accesos. Si ver el circuito en el lugar ayuda a cerrarla, lo coordinamos; si se entiende con ejemplos, se hace a distancia.
Cuándo da por cerrada
Un conjunto de muestras representativas queda cargado en el destino acordado, y las excepciones identificadas quedan a la vista. No es una promesa de que cada archivo futuro salga perfecto.